Incomunicadamente comunicados

16 de diciembre de 2016

Y sí, una vez más se me arruinó mi "amada"  computadora. Sí, la misma de hace tantos años, esa que cada tanto que "rompía"  (por decirlo de alguna manera) y mandaba a arreglar y al tiempo se arruinaba otra vez y volvía a mandarla al técnico y así y así y así... 
Pero, bueno ¡qué suerte que ahora existen los súper smartphones [que, más que teléfonos, son aviones de combate (jeje)]. Y sí, yo ahora poseo uno de esas maravillas de la tecnología y heme aquí, escribiendo desde el celular (no es que recién tenga un smartphone, sino que mi cell anterior no soportaba la app de Blogger, en fin...) . Feliz.

Pero basta de hablar de mí y pasemos al tema del que quería escribir:

Este posteo, si no me equivoco, va a ser bastante parecido a uno que escribí allá por el año 2009 cuando recién iniciaba con este blog, pero no quita que no me siga pareciendo algo "curioso" el tema en cuestión. Quizás, al escribir algo parecido a otra cosa ya escrita por mí también, refuerza la idea de que la gente no cambia su forma de pensar. Por lo menos, para mí es así. (leer "La soledad de estar conectados") 
En los últimos años (fácil, los últimos 12 o 13 aproximadamente) hemos vivido un grandísimo avance en lo que es la tecnología, nadie puede discutir esto. Y, realmente, nos cambió la vida en casi todos los aspectos, tanto para bien como para mal, creo yo. Para bien, obviamente, porque ahora, literalmente, con apretar un botón nos podemos poner en contacto con alguien que está al otro lado del planeta al instante. Lo cual es increíble. 
La comunicación avanzó de una forma simplemente extraordinaria, este fue uno de esos cambios que fue tanto para bien como para mal. Pero muchos no pueden darse cuenta de qué tan mal nos hace. ¿Por qué creo esto (quizás) se estén preguntando?

Pongámonos a pensar en un día normal de nuestra vida cotidiana:
Nos despertamos, desayunamos (o no), nos vestimos, salimos de nuestros hogares para hacer nuestras actividades regulares (sean trabajar, estudiar, lo que sea), tomamos algún transporte público para llegar (o el auto), etc. 
Hasta ahí todo bien, ¿no? Si fuera tan así como lo acabo de describir no sería nada raro. El tema es que en medio de todo esto, seguramente, más de una vez, mientras vamos haciendo nuestras cosas, agarramos nuestro celular y checkeamos los mensajes, mails, quizás hagamos alguna llamada, etc. 
Cuando estamos solos no es tanto el "problema". El asunto es cuando nos ponemos "en contacto" con otras personas y vemos (o quizás yo sea una de las pocas personas que lo notan, no sé) a nuestro alrededor... Todos, pero absolutamente todos, están con "sus cabezas metidas en sus smartphones". Lo podemos notar si estamos en un transporte público y miramos a nuestro alrededor: gente con sus cabezas gachas mirando Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, etc.

Yo, que no soy una de esas personas que viven pendiente de su celular (de hecho ni siquiera tengo activos los datos móviles fuera de mi casa) , "admiro" a esta gente a diario y realmente me da mucha tristeza. Quizás el "bicho raro" sea yo, no tengo ni idea. 
Siento pena por este tipo de gente porque se están perdiendo de admirar, quizás, el paisaje e incluso de tener una conversación con la persona con la que están. Porque esto también pasa en grupos de personas, no sólo cuando están solos. Lo cual me parece algo todavía peor, porque creo que es una falta de respeto hacia la persona (o personas) que la(s) acompaña(n).

Igual, a nadie parece importarle esto porque es lo más común que se ve hoy en día. Es normal estar con alguien y que quien nos acompaña (no es que me pase, pero, como dije, lo veo) este sumergido en su celular. Como si fuera la vida, como si se fueran a morir si no están conectados todo el día. 
Llegamos a ese punto de creer que tenemos que estar "al día" con todo y con todos. Y lo que no nos damos cuenta es que cuanto más en contacto estamos (o creemos que estamos), más nos aislamos. Suena contradictorio, pero es cierto.

Estaría bueno que hagamos a un lado los celulares, levantemos las cabezas y miremos, aunque sea un segundo, lo que nos rodea, a quienes nos rodean. Porque perdimos mucha comunicación desde que estamos "más comunicados" como quieren hacernos creer.
No estoy diciendo que la tecnología, más precisamente los celulares, sean una maldición. De hecho creo que son una bendición por muchísimas razones y cosas, pero creo que malinterpretamos la razón de ser de ellos y los llevamos a otro camino.
No creo, lamentablemente, que nada de esto cambie, pero estaría bueno.
Me despido por hoy.

1 Comentarios :

kaito rukawa dio su opinión

Es cierto! Pasa demasiado...

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